El esgrafiado, entendido como revestimiento mural pertenece a una familia de acabados decorativos conocida con el nombre de "revocos" o "revoques" , que participan de la característica común de utilizar para su confección una argamasa compuesta de un conglomerante (cal, cemento, yeso, barro, etc.), un relleno (arena, paja, ladrillo machacado, etc.) y agua. Con estos tres elementos se confecciona una pasta o mortero con la cual se ocultan las fábricas de los edificios con el objeto de darles una apariencia más rica, ala vez que sirve de protección al propio muro.
Aquellos revocos que utilizan la cal o el cemento como conglomerante son conocidos comúnmente en nuestra zona como "revocos a la catalana". Este subgrupo se compone de una ingente cantidad de acabados, dentro de los cuales el esgrafiado ocupa un papel destacado al participar en la confección de muchos de ellos. La realización de estos revocos cuenta normalmente con dos fases: la primera es el enfoscado o jarrado, una capa cuya misión es la de servir de soporte y regularizar la superficie del muro; es en realidad una preparación para la decoración ya que nunca va a quedar a la vista, puesto que sobre el enfoscado irá la segunda fase, la superficie decorativa, realizada en una o en varias capas sucesivas que reciben en conjunto el nombre de revoco, propiamente dicho.
En el caso del esgrafiado en Segovia el conglomerante suele ser cal, aunque modernamente se haya utilizado también el cemento o la mezcla de ambos (conocida como "mortero bastardo"); el relleno o material de armar es la arena, que además aporta el color (muy contadas veces es teñida con pigmentos minerales o con ceniza, que proporcionan al esgrafiado colores que no son los propios de la arena).